Historia · s. X–XV

Orígenes de la camisa y Edad Media

La camisia latina es una túnica interior de lino. La camisa medieval hereda esa función y la mantiene mil años: prenda íntima, no visible, cortada en rectángulos.

Etimología y testimonios antiguos

El término camisia aparece en el latín tardío. San Jerónimo lo emplea en la Epístola LXIV, dirigida a Fabiola hacia el año 397, para describir una prenda interior de lino que llevaban quienes se preparaban para entrar en la milicia, distinguiéndola del manto y de la tunica. La palabra es probablemente de origen germánico o céltico —se ha propuesto la raíz *kamisia— y entra en el latín por contacto con poblaciones del limes renano. De la camisia derivan el francés chemise, el italiano camicia, el catalán camisa, el portugués camisa y el español homónimo.

Los testimonios visuales más antiguos del modelo que llegará a la Edad Media son los frescos de la iglesia de Santa María Antigua de Roma (siglos VI–VIII) y, ya en el alto medievo, las miniaturas de los manuscritos carolingios y otonianos, donde la camisa asoma por debajo de la dalmática o la cota como una tela blanca que cubre cuello, muñecas y, a veces, los tobillos.

El corte rectangular

La camisa medieval se construye sin patrón curvo: las piezas se cortan en rectángulos y triángulos, aprovechando el ancho del telar. La pieza central forma cuerpo y mangas en una sola tela; bajo las axilas se inserta un pequeño cuadrado, llamado escudete o sobaquera, que permite el movimiento del brazo sin tensar la sisa. El cuello suele ser una abertura recta con una pequeña boca por delante, cerrada con un cordón o un alfiler de hueso.

Este sistema, descrito por François Boucher en su Histoire du costume en Occident (1965) y ampliamente documentado en hallazgos arqueológicos como los de Herjolfsnes (Groenlandia, siglos XIII–XIV) que conserva el Nationalmuseet de Copenhague, optimiza el aprovechamiento del lienzo, que entonces se vendía por anchos fijos. El corte ahorra tela; las curvas anatómicas se obtienen con frunces, no con piezas conformadas.

Materia y producción

La fibra dominante es el lino, cultivado en toda Europa templada y particularmente abundante en Flandes, Westfalia, Bretaña, Lombardía y el norte de la península ibérica. El lino se prefiere por tres razones: absorbe la transpiración mejor que la lana, se lava sin fieltrarse y no aloja parásitos con la misma facilidad. La lana queda reservada para las prendas exteriores; el algodón es importado y caro hasta finales del siglo XV.

La producción es doméstica o monacal hasta el siglo XII, cuando aparecen los gremios urbanos de tejedores y de chemisiers en ciudades como Reims, Cambrai y Valenciennes. El lienzo de Reims es citado en inventarios reales franceses del siglo XIII como uno de los más finos de Europa.

Función y posición social

La camisa cumple cuatro funciones simultáneas: aísla la piel del roce de la lana o del metal de la armadura, absorbe la transpiración, se lava con frecuencia (a diferencia del manto exterior) y, en ese mismo gesto, mantiene un mínimo de higiene corporal en una sociedad que apenas se baña. Quien tiene varias camisas tiene la posibilidad de cambiarse; quien tiene una sola la lleva hasta que se rompe.

El número de camisas en los inventarios post mortem es, por eso, un indicador económico fiable. Un campesino del siglo XIII suele tener una o dos; un burgués acomodado, ocho o diez; un noble, varias decenas. Carlos V de Francia (m. 1380) figura en los inventarios reales con más de cien chemises, según los catálogos publicados por Jules Labarte en su edición del inventario de 1379–1380.

Nomenclatura comparada

Términos para «camisa» en lenguas románicas (siglos XII–XV)
LenguaTérminoPrimera atestación documentada
Latín tardíocamisiaS. Jerónimo, Ep. LXIV (c. 397)
Francés antiguochemiseCantar de Roldán (c. 1100)
ItalianocamiciaDocumentos toscanos (s. XIII)
CastellanocamisaCantar de Mio Cid (c. 1207)
CataláncamisaDocumentación notarial (s. XIII)
Inglés medioshirt (de scyrte)Voces germánicas, s. XII

El final del modelo medieval

Hacia el último cuarto del siglo XV, dos transformaciones rompen el modelo. La primera es estilística: el jubón empieza a abrirse en el cuello y en las muñecas, dejando a la vista pliegues blancos de la camisa interior. La segunda es técnica: aparecen los primeros cuellos fruncidos y las primeras pecheras bordadas, cosidas a la camisa de manera que sean visibles. La camisa, sin abandonar todavía su función de ropa interior, comienza a tener fragmentos exhibidos.

Este desplazamiento se documenta en los retratos flamencos del último cuarto del XV —Hans Memling, Rogier van der Weyden— y se consolida en el primer Renacimiento italiano. Es el umbral del periodo siguiente, en el que la camisa pasará a ser visible por sus extremos.

Fuentes

  1. Boucher, François. Histoire du costume en Occident, de l'Antiquité à nos jours. París, Flammarion, 1965.
  2. Piponnier, Françoise; Mane, Perrine. Se vêtir au Moyen Âge. París, Adam Biro, 1995.
  3. Nørlund, Poul. «Buried Norsemen at Herjolfsnes». Meddelelser om Grønland, 67, Copenhague, 1924.
  4. Labarte, Jules (ed.). Inventaire du mobilier de Charles V, roi de France. París, Imprimerie Nationale, 1879.
  5. San Jerónimo. Epístola LXIV (a Fabiola, sobre las vestiduras sacerdotales), c. 397. En Patrologia Latina, ed. J.-P. Migne, vol. XXII, París, 1845.
  6. Crowfoot, Elisabeth; Pritchard, Frances; Staniland, Kay. Textiles and Clothing, c. 1150–c. 1450. Museum of London, HMSO, 1992.